domingo, 17 de mayo de 2015

El Ariete Católico: DON LUIGI VILLA

El Ariete Católico: DON LUIGI VILLA: Luigi Villa fue ordenado sacerdote en 1942 y cuando fue a conocer al P. Pio, famoso ya por su discernimiento de los espíritus, éste l...



 Luigi Villa fue ordenado sacerdote en 1942 y cuando fue a conocer al P. Pio, famoso ya por su discernimiento de los espíritus, éste le dijo que la Iglesia estaba invadida por la Masonería y que tenía que dedicar toda su vida a defenderla, especialmente de la Masonería eclesiástica.


Pio XII aprobó esa orientación y comenzó a trabajar como agente secreto a las órdenes del Cardenal Ottaviani, Prefecto del Santo Oficio.
Desde la subida de Paulo Sexto al poder sufrió una implacable persecución con varios intentos de asesinato incluidos y para poder llevar adelante su misión fundó en 1971 la revista independiente “Chiesa viva” desde donde dio a conocer los impresionantes resultados de sus investigaciones.



Por ejemplo, la misa negra celebrada por la logia vaticana en 1963 para entronizar a Lucifer en el corazón del Catolicismo, al final de la cual los participantes se consagraron al “omnipotente Lucifer” para que les ayudase a desenganchar la Cruz del Cristianismo transformando el culto a Dios por el culto al hombre, la ley de Dios por la primacía de la conciencia, sustituyendo el Reino de Dios por la paz en la tierra, la vida eterna por el paraíso en la tierra, los derechos de Dios por los derechos del hombre, con un Cristo libertador del sufrimiento y no del pecado, un Evangelio identificado con la “carta de los derechos de hombre” y puesto al servicio de la “justicia social”, reduciendo la evangelización a un mero “diálogo” humano sin miras a la conversión, un cristianismo que idolatrando al hombre proclame la libertad religiosa como derecho fundamental y absoluto, es decir, la religión del hombre.


jueves, 14 de mayo de 2015

S.O.S. FATIMA : Padre Gabriele Amort y el Padre Nicholas Gruner y el Castigo.


17 días antes de morir, el P. Nicholas Gruner, fundador y Director de la Cruzada Internacional del Rosario de Fátima y uno de los mayores expertos sobre las apariciones de Fátima, escribió la siguiente carta:

12 de marzo 2015 (Fiesta de San Gregorio Magno) 
Estimado....
Recientemente regresé de Roma, donde asistí a la instalación de los nuevos cardenales. Pero mientras yo estaba allí ocurrió algo inesperado, algo que me agitó el alma que no me lo esperaba.
Hablé con el padre Gabriel Amorth, el exorcista vivo más famoso del mundo. ¡Sus palabras me sacudieron como pocas cosas en la vida!
El Padre Amorth me dijo que tenemos un corto tiempo antes de que los castigos previstos por Nuestra Señora de Fátima empiecen a destrozar nuestro mundo en formas que difícilmente podemos imaginar.
¿Cuánto Tiempo? ¡Menos de 8 meses! (Nota: esto es noviembre de 2015, si consideramos la fecha de la carta).
El Padre Gabriel Amorth me dijo que a menos que la consagración de Rusia se realice, como la Virgen lo había pedido, a finales de octubre de 2015, las profecías de Fátima, pueden empezar cualquier día después de eso. ¿Por qué el padre Gabriel Amorth me dice esto a mí? Para que el Apostolado de Nuestra Señora se haga escuchar su voz como nunca antes, para gritar el mensaje de Fátima a los cuatro vientos. Y para hacer esto, debemos estar juntos. Debemos utilizar todos nuestros recursos, todas nuestras fuerzas, y despertar al mundo del sonambulismo en que está inmerso. No fue accidental. ¡Todo es Providencial!
El padre Amorth tiene 85 años y sigue siendo el jefe exorcista de Roma. Ha realizado decenas de miles de exorcismos y escrito varios libros sobre el tema. Fue el sucesor elegido del P. Cándido, su famoso santo predecesor, que él mismo tenía dones espirituales especiales. El padre Amorth sabe que estamos en la batalla final con Satanás y el tiempo es corto. Me he reunido y hablado con el padre Amorth muchas veces a lo largo de los años. Esta es la primera vez que me ha dicho en lenguaje claro cuánto tiempo nos queda exactamente, antes de que los castigos puedan empezar a manifestarse en el mundo.
En su misericordia amorosa, Nuestro Señor ya ha dado a nuestra generación muchas oportunidades para alejarse del mal y la mentira, antes de llevar a cabo nuestra propia destrucción. Antes que nos castigue, Nuestro Señor siempre nos advierte con las palabras de sus profetas y santos. ¿Qué tan importante es el mensaje de Fátima? En el desierto espiritual de nuestro tiempo, nuestro Señor nos ha enviado una advertencia, la más grande aún más exaltada en la jerarquía de los Cielos que Juan el Bautista. Nuestro Señor escogió a su Madre para entregar el mensaje de Fátima.
Mantengamos este hecho directamente en frente de nosotros cuando tomemos en cuenta este mensaje. ¡Es la Madre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos habló en Fátima! ¿Nuestro Señor hubiera enviado a su Madre a nosotros si el mensaje no hubiera sido de mayor importancia? ¿Puede nuestro Señor, que ama y honra a su Madre por encima de todas las criaturas, estar complacido por la forma en que su mensaje ha sido recibido por su Iglesia, por sus ministros? Imagínense cómo se sentirían si su madre fuera deshonrada, desairada, incluso insultada. La ira de Nuestro Señor debe ser grande y creciente. ¡Y cada día que las palabras de la Virgen se ignoran nos acercamos a un castigo horrible más allá de la imaginación! ¡En verdad, los líderes de la Iglesia, al no obedecer a Nuestra Señora y consagrar Rusia a su Corazón Inmaculado, han puesto el mundo y miles de millones de almas en peligro! Tenemos que advertir al mundo. Las palabras del padre Amorth deben resonar en nuestros corazones. Debemos actuar ahora. ¡El reloj no se detiene!
Suyo en Jesús, María y José,
Padre Nicholas Gruner 
Fatima CenterServants of Jesus and Mary17000 State Route 30Constable, NY 12926-9989



Fuente : Catolicidad.

La certeza del castigo anunciado por Nuestra Señora en Fátima


Imagen Peregrina Internacional de Nuestra Señora de Fátima
Algo que la Historia registra, que la Teología de la Historia indica como cierto, es que los grandes desastres de los pueblos son castigos. Este es un principio incuestionable de la Teología de la Historia. Cuando una nación sufre una catástrofe mayor, esto es un castigo. El principio no se aplica a los hombres, particularmente para los individuos, pero vale para las naciones, para los grupos sociales, etc.
Ahora, la Historia nos indica que los grandes catástrofes de los pueblos tardan mucho tiempo suspendidas sobre los que serán castigados. Esa es la regla general de grandes catástrofes. Desde el Diluvio ‒pasando por la caída de Jerusalén, del Imperio de Occidente, del Imperio de Oriente, por el protestantismo, por la Revolución Francesa, por la Revolución Comunista en Rusia, etc. ‒siempre son tempestades que quedan largo tiempo suspendidas sobre un pueblo sin que se pueda entender por qué no reventaron, pero finalmente terminan estallando.
Aún más. En general, cuanto más largo es el tiempo de ese suspense, tanto más terrible es el castigo. De manera que, de esta demora no se deduce que no vendrá, sino por el contrario, que vendrá terrible. Esta es la regla general de la Historia. Simple, fácil de entender.
Confieso que estoy seguro de que el castigo anunciado en 1917 por Nuestra Señora en Fátima vendrá. Pero esta certeza procede más de la Teología e Historia y de las leyes generales de la Historia que del propio Mensaje de Fátima. Aunque yo de toda mi adhesión a este Mensaje, mi certeza de lo que realmente Nuestra Señora reveló a los tres pastorcitos es una certeza menor ‒una vez que las certezas comportan grados‒ que lo que se deriva de las leyes de la Teología de la Historia.
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Extractos de una conferencia dada por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, el 3 de abril de 1970. Sin revisión del autor.
Fuente : Acción y Familia. 



jueves, 26 de marzo de 2015

OBLIGACIÓN PARA COMBATIR LAS HEREJÍAS : CHERSTERTON


“RAZONES PARA LA FE”

CHESTERTON

Nueve de cada diez ideas que llamamos nuevas son simplemente viejos errores. La Iglesia católica tiene por una de sus principales obligaciones la de prevenir a la gente de cometer esos viejos errores, de cometerlos una y otra vez, como hace la gente en todo momento si se la deja a su suerte.  La verdad sobre la actitud católica hacia la herejía quizá se pueda expresar de la mejor manera por medio de la metáfora de un mapa. La Iglesia católica porta algo parecido a un mapa de la mente que se asemeja al mapa del laberinto, pero en realidad es una guía del mismo.  Ha sido compilado a partir de un conocimiento que, aunque se ha considerado un conocimiento humano, no tiene ningún igual humano. Su experiencia abarca prácticamente todas las experiencias.  El resultado es un mapa en el cual se hallan señaladas con claridad todas las calles cortadas y las carreteras en mal estado, todas las vías que la mejor de todas las pruebas ha demostrado que son inútiles : la prueba de aquellos que las han recorrido.
En este mapa de  la mente los errores se señalan como excepciones. La mayor parte de él consiste en patios de recreo y felices cotos de caza, donde la mente puede disponer de tanta libertad como desee, por no hablar de la cantidad de campos de batalla intelectuales en los que la lucha se encuentra abierta y sin decidir.  Pero éste carga sin duda con la responsabilidad de señalar que ciertos caminos no llevan a ninguna parte o llevan a la destrucción, a un muro liso o a un precipicio escarpado.
Por estos medios evita que los hombres pierdan el tiempo, o sus vidas, por sendas que ya se han descubierto que son fútiles o desastrosas en el pasado, pero que, de otro modo, podrían atrapar a los viajeros una y otra vez en el futuro. La Iglesia se hace responsable de avisar a su gente contra éstas ; y de éstas depende el verdadero tema. Defiende a la humanidad de forma dogmática de sus peores enemigos,  esos monstruos devoradores, vetustos y terribles de los viejos errores. Todas estas falsas cuestiones parecen novedosas. Su primer enunciado siempre suena inofensivo y plausible. Suena inofensivo decir, como ha dicho la mayoría de la gente moderna : “Los actos son malos sólo si son malos para la sociedad”.  Llévese esto a cabo y, más tarde o más temprano se obtendrá la crueldad de una colmena o de una ciudad pagana que establezca la esclavitud como medio de producción más barato, que torture a los esclavos en busca de pruebas porque el individuo no significa nada para el Estado, que declare que un hombre inocente debe morir por el pueblo, como hicieron los asesinos de Cristo.
Suena bastante piadoso decir : “Nuestro conflicto moral debería finalizar con una victoria de lo espiritual sobre lo material”.  Llévese a cabo, y se puede acabar en la locura de los maniqueos, que dirán que un suicidio es bueno porque es un sacrificio, que una perversión sexual es buena porque no genera vida, que el diablo creó el sol y la luna porque son materiales.  Entonces se podrá empezar a preguntar por qué el catolicismo insiste en que hay espíritus malvados igual que buenos, y que lo material también puede ser sagrado, como en la Encarnación o en la Misa, en el sacramento del matrimonio o la resurrección del cuerpo. La Iglesia no se encuentra simplemente armada contra la herejía del pasado, o incluso del presente, sino de igual forma en contra de las del futuro.
  El hombre que tiene fe ha de estar preparado, no sólo a ser un mártir, sino a ser un loco.


martes, 23 de diciembre de 2014

sábado, 20 de diciembre de 2014

BOMBAS DE TIEMPO LITÚRGICAS : ANÁLISIS EN ESTOS ÚLTIMOS TIEMPOS

Roger-Thomas Calmel, O.P. : El Canon Romano


"Nosotros rezamos la nueva misa con piedad", le respondían buenos sacerdotes a las advertencias del autor sobre los peligros de la reforma del Canon y su traducción a lengua vernácula. A lo que Calmel les retrucaba: ¿y piensan Uds. que todos los sacerdotes y obispos de mundo serán tan seguros, piadosos y reflexivos como para evitar los peligros de desviación? El tiempo, lamentablemente, hizo de este liturgista dominico un profeta.
Roger-Thomas Calmel, O.P.
El Canon Romano
Prólogo de Jean Madirán
Editorial ICTION
Buenos Aires, 1983, 192 págs.
Habiendo leído en mi juventud este libro, no comprendí completamente su importancia, Hoy, orillando los 50 años y con más de treinta en la defensa de la Misa Tridentina sobre mis hombros lo aprecio en toda su valor y profética anticipación. ¡Qué sabios eran esos viejos buenos sacerdotes, más allá de su erudición, cuando nos advertían sobre el peligro de los "cambios" en aquellas cosas que nos vienen de Dios.
Ha dicho recientemente el Card. Arinze, en su intervención de las jornadas celebratorias del cincuentenario del Insitute Supérieur de Liturgie de Paris:
"La Sagrada Liturgia no es algo inventado..."
"Muchos de los abusos in el campo litúrgico no son producto no de la voluntad, sino de la ignorancia..."
"Que un sacerdote trate de compartir con los fieles laicos el rol que ejerce en la liturgia en virtud de su carácter sacerdotal [ministerial], el cual está estrictamente reservado a él, es una evidencia de falsa humildad y de una concepción inadmisible de la democracia o de la fraternidad..."
"Si uno debilita el papel del sacerdote o falla al justipreciarlo, la comunidad católica puede caer peligrosamente en la idea de que es posible concebir una comunidad sin sacerdotes..." (Alocución del 26 de octubre de 2006).
Esto en octubre de 2006. El libro del P. Calmel que comentamos es una recopilación de ensayos publicados en la revista Itineraires entre 1968 y 1975. Allí señala el autor que tanto la falsa traducción del Canon Romano como su versión "recortada" (segunda plegaria eucarística) y también las otras dos novedosas, aprobadas por el misal reformado de 1969, eran (usemos la expresión de Michael Davies) bombas de tiempo litúrgicas. Solo podrían ir en un sentido centrífugo de la fe, hacia infinitas formas de abuso y herejía.
La Misa Nueva no es inválida, dice Calmel, pero tiene en sí los virus que la invalidarán en el futuro en la mayor parte de sus versiones. Solo los sacerdotes piadosos, firmemente adheridos a Canon Romano, sobre todo en latín, pero aún en lengua vernácula guardarán celosamente su validez. Y pagarán por ello un duro precio: la persecución de sus hermanos en el sacerdocio y de sus pastores. Y ¡atención! hablamos solo de la "validez" que no se la cumbre del acto litúrgico, sino su presupuesto mínimo. No olvidemos que -como repite con incansable piedad el Canon Romano- es necesario que esta oblación sea grata y acepta a Dios, puesto que es ofrecida por hombres pecadores, como el sacrificio de Abel, el de Abraham o de Melquisedec.
Muchos de los sacerdotes y fieles que leen estas líneas saben que lo antedicho es verdad, una dolorosa verdad hoy.
El padre Calmel proponía, pues, mantener el Canon Romano intacto. ¡Tocar el Canon Romano!, algo inconcebible apenas unos años atrás para la mayoría del clero y de los fieles, aunque ¡ay! ya ignorantes, como ha dicho el Card. Arinze. Pero la idea de introducir novedades era vieja y trabajada eficazmente por una elite de subversivos liturgistas y teólogos "nuevos". Y recibida por buenos sacerdotes "ignorantes".
Así lo atestigua León Bloy ya en 1904, año de la elección de San Pío X. "Conozco a un sacerdote verdaderamente piadoso al que quiero y que me confunde hasta la desazón. Hay en él una necesidad de contradicción, sobre todo en materia de exégesis e incluso de liturgia, que me paraliza. Me hablaba hoy del Papa, y suprimía nombres de santos reconocidos o supuestamente apócrifos, aunque venerados por toda la Iglesia desde siempre. La idea de que el Canon de la Misa pudiera ser retocado no lo turba. Por mi parte yo veo en ello la semilla de la desesperación".
De toda presunción y desesperación, ¡líbranos Señor!
"Si alguno dijera que el Canon de la Misa contiene errores y que, por lo tanto, debe ser abrogado, sea anatema", dice el Concilio de Trento, añadiendo sobre el particular "Y puesto que conviene que las cosas santas sean administradas santamente, y siendo este sacrificio el más santo de todos, la Iglesia Católica, a fin de que digna y reverentemente fuera ofrecido y recibido, instituyó hace muchos siglos el sagrado Canonde modo tan puro de todo error que nada se contiene en él que no respire en grado eminente cierta santidad y piedad y que no levante a Dios las mentes de los que lo ofrecen".
Y para sustentar la afirmación de Arinze respecto a que "la liturgia no se inventa..." dice el concilio tridentino a renglón seguido: "Consta él [Canon] en efecto, ya de las palabras mismas del Señor, ya de tradiciones de los apóstoles, y también de piadosas instituciones de los pontífices". (Sesión XXII; Dz 942).
Pero su rigurosa estabilidad conduce a la rutina en el celebrante...objetaban los novadores litúrgicos. Y el hecho de que se diga en voz baja no permite a los fieles participar del sagrado misterio...
Bien pues, ahora hay de todo menos "rutina". Y el canon, si es que algo queda de él, se grita, canta, recita o lo que Uds. quieran. Si los fieles no lo oyen es porque están hablando, fumando o aplaudiendo, o las guitarras atruenan... Hasta aquí llegamos, como previó Calmel y tantos otros...
Un anticipo del libro, sus primeros dos capítulos, porque se pinta solo.
I
Numerosos sacerdotes que ya se habían puesto a decir en voz bien alta el canon romano, en una traducción sistemáticamente errónea, se han puesto de ahí en adelante a recitar otros cánones a la buena de Dios y según su fantasía: tres Cánones más; ¿Por qué no diez, quince u ochenta? Me pregunto yo. ¿Estarían obligados a obedecer a alguna prescripción legítima? De ningún modo. No existe en la materia ninguna obligación. ¿Se favorecería así la devoción del celebrante? Antes de responder, espero tener pruebas.
El “Pueblo de Dios”, según la expresión que hace furor por un momento, ¿tenía acaso tanta necesidad de oír gritar el Canon, y en lengua vulgar, y en cuatro formularios intercambiables? El Pueblo de Dios no aspiraba a nada de eso. Que se haga más bien el recuento de los fieles que, a la muerte de Pío XII, hace pues apenas diez años, habían pedido el Canon en francés, en voz alta y según cuatro formularios diferentes. El recuento se acabará pronto. Hay que convenir honestamente que hace diez años los fieles no deseaban estos cambios, ni siquiera los presentían.
Pero su confianza y su docilidad se vieron sorprendidas por sacerdotes inquietos, situados o disimulados en puestos importantes, sacerdotes enfermos de subversión, generalmente desprovistos de responsabilidad pastoral directa, echados a perder por el espíritu de sistema o gangrenados por el neo-modernismo.
II
Antes de proseguir, podría demostrar largamente que el Canon Romano “traducido” es en realidad un canon falsificado. Si por ejemplo se sigue suplicando al Padre, ese Padre ya no es más clementísimo, sino sólo infinitamente bueno; ya no se recuerda que Él manifiesta su bondad infinita por el don supremo de su clemencia y de su misericordia: la inmolación por nosotros de su propio Hijo. Ese padre ya no tiene que ser apaciguado por el sacrificio de Nuestro Señor: basta con que acepte nuestra ofrenda con benevolencia. Ya no se le pide que considere con una mirada favorable una hostia de propiciación, sin mancha e inmaculada, sino solamente que mire nuestra ofrenda con amor. Como era de temer, silencio absoluto sobre la eternidad de la condenación. Sin duda, todavía se reza por los difuntos, pero sin recurrir a la indulgencia del Padre, así como sin hacer alusión al refrigerio del paraíso después de las llamas del purgatorio. La devoción, expresada formalmente en el texto latino, es cambiada en simple apego, con el fin de velar lo más posible la trascendencia al Creador y nuestra condición de criaturas. Para terminar con ésta enumeración, que está lejos de ser exhaustiva, de los arreglos y trampas ante los cuales no han retrocedido unos innovadores sin escrúpulos ni piedad, señalemos ésta omisión insolente, odiosa, en el relato de la institución que enmarca las palabras consagratorias: El término venerable ya no es empleado para calificar las manos de nuestro Salvador. Esas manos Divinas que antes de ser clavadas en la Cruz, partieron para todos los redimidos el pan eucarístico y nos presentaron para siempre el cáliz de la salvación, ya no se dirá más de ellas que son manos infinitamente dignas de veneración.
Pero ¿para qué insistir? Es por un verdadero abuso de confianza que los traductores se permiten llamar Canon Romano a un formulario de su cosecha, que no es ni una traducción, ni siquiera una paráfrasis; es un formulario diferente que, sin hacer inválida la Misa, ha sido sin embargo exactamente combinado para no atraer la atención sobre la esencia de la Misa:Sacrificio de propiciación por nuestros pecados; sacrificio idéntico al de la cruz(siendo sólo diferente el modo) y por lo tanto sacrificio satisfactorio y que no es alabanza perfecta sino porque es primero satisfacción infinita; en fin, sacrificio que debe ser ofrecido con toda la veneración, devoción y humildad de que es capaz una Iglesia santa pero compuesta de pecadores siempre frágiles, siempre expuestos a perderse.En el Canon falsificado es visible que se ha tenido cuidado de no despertar en el corazón del sacerdote o del fiel ya sea sentimientos de Fe, en lo que es constitutivo de la Misa:sacrificio de propiciación con el mismo título que el de la cruz, no difiriendo de éste sino en la manera de ofrecerlo.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿ PUEDE UN SIMPLE FIEL ATACAR EL ERROR ?

¿Puede un simple fiel atacar el error?

“Quienes conocen la verdad deben hacerse un deber definirla claramente cuando sus enemigos la deforman hábilmente. Deben tener el coraje de defenderla”. (Pío XII, 26 de agosto de 1947).


[Mater Inmaculata] Para definir la verdad o para defenderla “sin duda la tranquila exposición de la verdad es, en sí, preferible; nuestros ilustres predecesores lo han declarado a menudo. Sin embargo, la necesidad de los tiempos los precipita a ellos mismos, a menudo, a la controversia. Cuando se leen sus obras, se reconoce que la polémica figura en la mayor parte” (Cardenal Pie).
La polémica no es pues el único medio de proclamar y defender la verdad. Pero es un medio lícito, legítimo y eficaz. Numerosos Padres de la Iglesia, numerosos Santos se han servido de ella… Aún el docto y tranquilo santo Tomás de Aquino, y el dulce san Bernardo.
Sin duda, puede haber un abuso de la polémica. Pero el desprecio de toda polémica es una manifestación de liberalismo práctico inconsciente. Y el buen sentido está de acuerdo con san Francisco de Sales que escribía: “Los enemigos declarados de Dios y de la Iglesia deben ser atacados y censurados con toda la fuerza posible. La caridad obliga a gritar al lobo cuando un lobo se ha deslizado al medio del rebaño y aún en cualquier lugar que se lo encuentre”.
¿Para atacar al error es necesario haber recibido un mandato de la autoridad eclesiástica?
Absolutamente no. Para qué serviría la regla de la fe y de las costumbres, si en cada caso particular el simple fiel no pudiera hacer inmediatamente la aplicación?” (Don Sardá). Por el bautismo y la confirmación que ha recibido, el simple fiel tiene el deber de defender su fe y de esforzarse para hacerla conocer a los otros. “El simple fiel puede así desconfiar, a primera vista, de una doctrina nueva que le es presentada, en la medida en que la vea en desacuerdo con otra doctrina definida” (Sardá).
¿Para atacar el error es necesario que la Iglesia ya se haya pronunciado?

Cardenal Pie
Sin duda sólo la Iglesia posee el supremo magisterio doctrinal de hecho y de derecho; su soberana autoridad se personifica en el Papa, y ella es la única que puede definitivamente y sin apelación, calificar abstractivamente las doctrinas y declarar que están concretamente contenidas en tal o cual libro, o profesadas por tal o cual persona. Pero al simple fiel le es perfectamente lícito tener a tal doctrina ante sí como perversa, señalarla como tal a los otros para su gobierno, dar el grito de alarma y tirar los primeros golpes. El fiel laico puede hacer todo esto, lo ha hecho siempre con los aplausos de la Iglesia” (Sardá).
¿Conviene, combatiendo el error, combatir y desacreditar a la persona que lo sostiene?
Sí, muy a menudo conviene y no solamente conviene, sino todavía es indispensable y meritorio ante Dios y ante la sociedad, que sea así” (Sardá). En efecto, las ideas no podrían, reducidas a ellas solas, producir todo el mal del cual sufre la sociedad. “Ellas son parecidas a las flechas y a las balas que no causarían heridas a nadie, si no se las lanzara con el arco o el fusil; es pues al arquero o al fusilero que se debe tomar sobre todo. (id.).
Los Padres suministran la prueba de esta tesis. Las obras de san Agustín, por ejemplo, llevan casi todas como título el nombre del autor de la herejía que combaten: Contra Fortunatum, Contra Felicem… etc…
¿Es pues lícito, en ciertos casos, revelar en público las infamias de aquél que sostiene o propaga el error?
¡Perfectamente! “¿Es permitido –se  le preguntaba un día a san Francisco de Sales- hablar mal de un hereje que difunde malas doctrinas?” “Sí –respondió él- tú puedes a condición de atenerte a la exacta verdad, con lo que tú sabes de su mala conducta, presentando lo que es dudoso como dudoso, y según el grado más o menos grande de duda que tengas al respecto”.
Es pues permitido revelar sus defectos, ridiculizar sus hábitos, y aún… ¡burlarse de él! “Los señores liberales querrían sobre todo ser siempre tomados muy en serio, estimados, reverenciados, adulados y tratados como personajes importantes. Se resignarían muy bien a que se los refute, mas a condición de que sea con el sombrero quitado… De allí vienen sus quejas, cuando a veces se los satiriza, es decir cuando se hacen burlas de ellos… Cualquiera comprenderá que hacer reír honestamente a expensas del vicio y del hombre vicioso es una cosa muy buena en sí” (Artículo de la Civilta Cattolica)
Los grandes doctores recomiendan sin duda la mesura, la indulgencia, la moderación. Lo que no impide que, sin contradecir sus propios principios, ellos mismos emplean, en todo instante, el arma de la indignación, algunas veces la del ridículo, con una vivacidad y una libertad de lenguaje que asustaría nuestra delicadeza moderna” (Cardenal Pie).
Combatir así a un hereje, vaya y pase… ¿Pero combatir a un católico… aún un amigo?
¡Pero un católico liberal es un hereje! La Iglesia ha condenado numerosas veces el liberalismo, y aún el liberalismo católico. ¡Pío IX lo declara más terrible que la Revolución, más terrible que la Comuna! “Cuando tantas veces hemos censurado a los sectarios de estas opiniones liberales, no teníamos en vista a los enemigos declarados de la Iglesia… sino a aquéllos de los que acabamos de hablar: católicos que son por otra parte honestos y piadosos, y que, por la influencia que les dan su religiosidad y su piedad, pueden muy fácilmente captar los espíritus e inducirlos a profesar máximas muy perniciosas” (Pío IX).
¡Además no olvidéis que no es necesario que la autoridad eclesiástica se haya pronunciado para que el simple fiel sirva de perro guardián y ladre!
¿Puede ser, en efecto, que se trate de un amigo? Pero si mi amigo farmacéutico vende droga, ¿debo callarme, en nombre de la amistad? Para el buen sentido, la respuesta no es dudosa.
Hablar mal del prójimo… ¿no es contrario a la caridad?

R. P. Don Félix Sardá y Salvany
¡Cuando son atacados, los liberales no cesan de reclamar la caridad! “La caridad que ellos querrían de nosotros, sería la de alabarlos, admirarlos, apoyarlos, o por lo menos dejarlos actuar a su gusto. Nosotros, por el contrario no queremos más que hacer la caridad de interpelarlos, reprenderlos, excitarlos por mil medios a salir de su mal camino. Cuando dicen una mentira… querrían vernos ocultar sus pequeños pecados veniales— Cuando se les escapa alguna distracción gramatical… nos ruegan que cerremos los ojos… ¡Que dejen de quejarse de nuestra falta de caridad!” (La Civilta Cattolica).
Se puede amar al prójimo, bien y mucho, desagradándole, contrariándolo, causándole un perjuicio material, y aún en ciertas ocasiones privándolo de la vida” (Sardá).
La caridad, en efecto, implica ante todo, el amor de Dios y de la verdadella no teme pues extraer la espada de su vaina por el interés de la causa divina, sabiendo que más de un enemigo no puede ser reencauzado o curado mas que por golpes audaces e incisiones salutíferas” (Cardenal Pie).
Edulcorar la verdad para evitar provocar pena a tal o cual no es practicar la caridad: es traicionarla” (Mons. Rupp).
Si los liberales reclaman tanto la caridad, ¡es que no aman la verdad! “Nuestro tiempo no ama la verdad… y en el pequeño número de quienes aman la verdad, muchos, por no decir demasiados, no aman para nada a los que van en vanguardia para defenderla. Se los encuentra indiscretos, molestos, inoportunos” (Louis Veuillot) Esto es lo que decía también el papa Gregorio VII: “Si es que algunos, por amor a la ley cristiana, osan resistir en cara a los impíos, no solamente no encuentran apoyo en sus hermanos, sino que se los tacha de imprudentes, de indiscretos, se los trata de locos”.
La intolerancia al respecto de los defensores de los principios, es, con la tolerancia hacia los patrones del error, uno de los síntomas más característicos del contagio liberal” (R. P. Ramière).
¿No existe sin embargo el deber de respetar a las personas?
El principio moderno y revolucionario de la respetabilidad de las personas en toda hipótesis, de la tolerancia a ultranza respecto a las personas es una gran herejía social que ha hecho mucho mal y lo hará todavía más a medida que esta idea se vaya vulgarizando en el futuro, a saber que la persona humana es siempre amable, siempre sagrada, siempre digna de respeto, cualesquiera que sean los errores teóricos o prácticos que lleva con ella a través del mundo.” (Amí du clergé)
Si soportar las injurias que nos alcanzan personalmente (y respetar a las personas que las profieren) es un acto virtuoso, soportar las que atañen a Dios es el colmo de la impiedad” (Santo Tomás de Aquino)
¿Ninguna colaboración es pues posible con los liberales?
Las Asociaciones Católicas deberán tener principalmente cuidado de excluir de su seno, no solamente a todos los que profesan abiertamente las máximas del liberalismo, sino todavía a los que se forjan la ilusión de creer posible la conciliación del liberalismo con el catolicismo, y son conocidos bajo el nombre de católicos liberales” (La Civilta Cattolica).
¿Mas por qué ejercer la polémica sobre todo contra el liberalismo?
Sin duda el liberalismo no es el único error que amenaza llevar la ruina a la fe, aún cuando se debe incluir bajo este vocablo el naturalismo, el racionalismo y el laicismo.
Pero el liberalismo es particularmente peligroso porque un cierto liberalismo se pretende católico. Un cristiano de buena fe comprenderá bastante fácilmente que no puede ser masón o comunista: las condenas de la Iglesia son muy claras. Pero muy fácilmente, por el contrario, podrá dejarse contaminar más o menos por las ideas liberales. “El liberalismo es menos una doctrina coherente, un sistema formulado, que una enfermedad del espíritu, una perversión del sentimiento…”  (Padre Rosussel). ¡Y esto es lo que lo hace particularmente peligroso!
Combatir jamás es agradable… sobre todo combatir a los amigos. Y sin embargo, “es necesario combatir el error aún en los cristianos, pues ellos tienen menos derechos que otros, si es posible, a profesarlo. ¡Amad a vuestros adversarios, rogad por ellos, pero no les hagáis cumplimientos1! ¡Puáh! No busquéis agradar a algunos. Buscad agradar a Dios” (Santo Cura de Ars).
Sí, cuidémonos –como decía Louis Veuillot de que “el temor de dejar de ser amables termine por quitarnos todo coraje de ser verdaderos”.
Seguramente muchos os acusarán de imprudencia y dirán que vuestra empresa es inoportuna… Una lucha de este género no podrá más que atraeros censuras, desprecio, querellas odiosas; pero Aquél que da la verdad a la tierra no ha predicho otra cosa a Sus discípulos, sino que serían odiosos a todos a causa de Su Nombre” (Pío IX, dic. De 1876).
Combatamos pues sin descanso, aún sin esperanza de ganar la batalla. ¡Qué importa el éxito!” (Santa Teresita del Niño Jesús).
Santa Catalina de Siena
¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido! (Santa Catalina de Siena)

León XIII, Papa.
“Retirarse ante el enemigo o callar cuando por todas partes se levanta un incesante clamoreo para oprimir la verdad, es actitud propia o de hombres cobardes o de hombres inseguros de la verdad que profesan. La cobardía y la duda son contrarias a la salvación del individuo y a la seguridad del Bien Común, y provechosas únicamente para los enemigos del cristianismo, porque la cobardía de los buenos fomenta la audacia de los malos. El cristiano ha nacido para la lucha”. (León XIII, Papa.)
San Gregorio Magno, Papa y Doctor de la Iglesia
“Si por causa de la verdad hay escándalo, es preferible que haya escándalo a que sufra la verdad” (San Gregorio Magno, Papa y Doctor de la Iglesia)


Dom Prosper Guéranger“Cuando el pastor se muda en lobo, toca desde luego al rebaño el defenderse. Por regla, la doctrina desciende de los obispos al pueblo fiel y los súbditos no deben juzgar a sus jefes en su fe. Mas hay en el tesoro de la revelación ciertos puntos esenciales de los que, todo cristiano, por el hecho mismo de llevar tal título, tiene el conocimiento necesario y la obligación de guardarlos. El principio no cambia, ya se trate de ciencia o de conducta, de moral o de dogma. Traiciones semejantes a la de Nestorio, son raras en la Iglesia; pero puede suceder que los pastores permanezcan en silencio, por tal o tal causa, en ciertas circunstancias en que la religión se vería comprometida. Los verdaderos fieles son aquellos hombres que, en tales ocasiones, sacan de su solo bautismo, la inspiración de una línea de conducta; no los pusilánimes que bajo pretexto engañoso de sumisión a los poderes establecidos, esperan, para correr contra el enemigo u oponerse a sus proyectos, un programa que no es necesario y que no se les debe dar”. (Dom Prosper Guéranger)

Mons. Juan Straubinger
“No he tenido escondida tu justicia en mi corazón, publiqué tu verdad y la salvación que de Ti viene; no oculté a la muchedumbre tu misericordia y tu fidelidad”. Salmo 39,11(Mons. Juan Straubinger)

Padre Castellani
“Sólo en la verdad se puede fundamentar una verdadera grandeza; sólo diciéndola se puede caminar a ella. Hoy día estamos tan sumergidos en mentiras que el amor a la verdad representa una especie de martirio, y conduce al martirio real cuando se vuelve verdadera pasión; y la verdad se vuelve pasión en todos aquellos que se abren al espíritu de Dios” (Padre Castellani

lunes, 17 de marzo de 2014

Catolicidad: LA MUERTE DE UN POLÍTICO (Cuento).

LA MUERTE DE UN POLÍTICO (Cuento).



Un día, mientras caminaba por la calle, un dirigente de un importante partido político es trágicamente atropellado por un camión y muere.

Su alma llega al paraíso y se encuentra, en la entrada, a San Pedro en persona.

- "Bienvenido al paraíso", le dice San Pedro:

- "Antes de que te acomodes, parece que hay un problema. Verás, muy raramente un alto político ha llegado aquí y no estamos seguros de qué hacer contigo. Lo que haremos será hacerte pasar un día en el infierno y otro en el paraíso, y luego podrás elegir dónde pasar la eternidad".

Y con esto, San Pedro acompaña al político al ascensor y baja, baja hasta el infierno.

Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un verde campo de golf.

A lo lejos hay un club y, de pie, delante de él, están todos sus amigos políticos que habían trabajado con él, todos vestidos con traje de noche y muy contentos. Corren a saludarlo, lo abrazan y recuerdan los buenos tiempos en los que se enriquecían a costa del pueblo. Juegan un agradable partido de golf y luego, por la noche, cenan juntos en el Restaurante Gourmet del club, con langosta como plato principal y los atienden hermosísimas meseras.

Se encuentra también al Diablo, que de hecho es un tipo muy simpático y se divierte mucho contando chistes y bailando.

Se está divirtiendo tanto que, antes de que se de cuenta, es ya hora de irse. Todos le dan un apretón de manos y lo despiden mientras sube al ascensor.

El ascensor sube, sube, sube, y se reabre la puerta del paraíso donde San Pedro lo está esperando. "Ahora es el momento de pasar a la antesala del paraíso".

Así que el político (inescrupuloso, ciertamente), pasa las 24 horas sucesivas saltando de nube en nube, tocando el arpa y cantando en la antesala del paraíso. Antes de que se dé cuenta, las 24 horas ya han pasado y San Pedro va a buscarlo.

- "Ya has pasado un día en el infierno y otro en la antesala del paraíso, ahora debes elegir tu eternidad".

El hombre reflexiona un momento y luego responde: "Bueno, el paraíso ha sido precioso y todos son muy amables. Aunque sólo conocí la antesala. Sin embargo, creo que he estado mejor en el infierno. Además allá están casi todos mis amigos".

Así que San Pedro lo acompaña hasta el ascensor y otra vez baja, baja, baja, hasta el infierno. Cuando las puertas del ascensor se abren, se encuentra en medio de una tierra sombría y desierta, cubierta de excrementos y desperdicios. Ve a todos sus amigos atormentados por los demonios en medio de llamas devoradoras que los calcinan.

El Diablo lo alcanza y le pone un brazo en el cuello.

"No entiendo -balbucea el político-. Ayer estuve aquí y había lindas mujeres, un campo de golf y un club, comimos langosta y caviar, bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es un terreno desértico lleno de fuego, inmundicias y tormentos sin fin...".

El Diablo lo mira, sonríe y maliciosamente le responde:

- "Ayer estábamos en campaña. ¡¡¡ Hoy..., ya votaste por nosotros...!!! ¡¡¡Malvenido, infeliz!!!".


-Será un cuento... pero tiene una moraleja real: las tentaciones del demonio siempre serán un engaño-


FUENTE :

Catolicidad: LA MUERTE DE UN POLÍTICO (Cuento).: Un día, mientras caminaba por la calle, un dirigente de un importante partido político es trágicamente atropellado por un camión y muer...